El paisaje de la migración
La noción de paisaje es una convención: una construcción cultural mediada por la experiencia y sobre todo, por la distancia. Para que el paisaje exista es necesario un punto de lejanía y una altura pertinente desde la cual desparramar la mirada en el territorio y entregarse a la contemplación. Sin embargo, esa distancia, produce también una brecha: un espacio desde el cual el encuadre se ajusta a la subjetividad de quien observa y deja fuera de campo, la experiencia del otro que la constituye.
Esta obra toma como punto de partida una imagen satelital del desierto donde se emplaza el paso de Colchane, una de las fronteras más visibles y tensionadas de nuestro país en los últimos años. La elección de la xilografía ayuda a generar una imagen imprecisa. No es un registro fiel del territorio, sino una superficie erosionada por la trama, el rayado y la presión de la matriz. La materialidad de la madera, su resistencia y desgaste, elimina la claridad cartográfica del punto de vista elevado y evidencia la imposibilidad de una mirada transparente.
La imagen está situada en el límite de la abstracción, es difícil reconocerla, ha perdido las referencias espaciales. Desde esta distancia forzada, la pregunta se vuelve inevitable: ¿cómo se ve el peligro, el hambre, la sed y el cansancio de un migrante cruzando el desierto?, ¿qué queda de esa experiencia cuando el paisaje se transforma en imagen y la imagen en superficie?
Esta obra, aún en proceso, no busca representar el tránsito migratorio, sino poner en evidencia la distancia entre ver y vivir.
























