Epifanías del fluir.
En construcción.
“Cada obra es una epifanía,
Una epifanía del fenómeno artístico.
Es, al mismo tiempo, una espera incierta dónde opera el fluir.
La obra fluye para despejar la incertidumbre.”
María Pedrina en una charla sobre Claudio Girola. Mayo 2025
Este breve ensayo surge como necesidad para complementar, desde la palabra, el origen de esta serie de grabados que, a su vez, son estudios visuales del fluir. Estructuras inconscientes, sin boceto previo que emergen en la luz y se les deja libre en el plano. En ningún caso este ensayo pretende establecer significantes que el lector podrá encontrar en los grabados. Más bien es una obra paralela que necesita a la imagen grabada.
Esto grabados los comencé a realizar pensando en como podría verse el fluir de la sangre desde la médula y su tránsito hacia los órganos vitales. Este despliegue del fluir poco a poco fue mutando en elogio, una forma discursiva que se acomoda a la diversidad de formas del fluir que caben en estas imágenes. Quizás unos de los primeros pensamientos rondó la experiencia de Heráclito de Éfeso. El buen Heráclito en su fluir eterno, se atrevió a pensar fuera de la caja para establecer el “arque”, el principio rector de todas las cosas. Mientras sus colegas pre socráticos se aventuraban a defender los elementos naturales como principios irreductibles capaz de gobernarlo todo, Heráclito, propone el cambio como una constante en el universo, un fluir eterno, infinito como el principio gobernante de toda la materia.


Pareciera que el fluir ha sido una preocupación constante a lo largo de nuestra historia humana. Dejar que el agua corra, que el río siga su curso, que el viento se lleve las penas son metáforas atávicas del fluir. Según Lakoff y Johnson, las metáforas son una forma cognitiva que se sostienen en la experiencia. A través del cruces de ámbitos conocidos podemos comprender fenómenos complejos. En este sentido las metáforas que hablan desde la naturaleza dan cuenta, no solo de una comprensión profunda de ella o de una experiencia colectiva milenaria. La naturaleza como matriz de experiencia hace de estás metáforas del fluir una de las más poéticas.
En este mismo escenario del fluir, de naturaleza y materias que todo lo gobiernan, recordé la teoría de los temperamentos y los cuatro humores corporales a propósito de un dibujo admirable de Leonardo da Vinci al respecto. Es de esas pocas obras de la modernidad temprana donde empezamos a notar como se desdibujan los límites de lo desagradable y la fealdad como atributos de lo bello. La teoría de los temperamentos atribuidas a Hippocrates propone que en nuestro cuerpo existen cuatro sustancias claves que se denominan humores y que el desequilibrio de estos fluidos son la causa de todo malestar. Lo interesante que cada humor se asocia a un elemento natural tierra, agua fuego y aire que en esos tiempos también se consideraban los elementos rectores de todo cuanto existe. La sangre cálida y húmeda está asociada al elemento aire. La bilis amarilla cálida y seca se asocia al fuego. La bilis negra fría y seca es la tierra y por último la flema fría y húmeda está asociada al agua. La palabra temperamento viene del latín “temperamentum” cuyo significado es mezclar y su forma verbal es temperare que significa mezclar en la forma correcta. De ahí que el desequilibrio de los humores en el fluir corporal se le llamara “temperamento” El sanguíneo en días de calor y humedad, El Flemático frió húmedo, la melancolía cálida y seca de la bilis amarilla de la cual, sería una omisión fatal, no nombrar el grabado de Alberto Durero del mismo nombre. La melancolía era la definición del artista genio del renacimiento, con un amplio dominio técnico pero prisionero de su propia mente. Este grabado cargado de simbolismos ha generado tanto material de investigación como años tiene esta pieza gráfica. Se dice que J.P Sartre estuvo a punto de nombrar “Melancolía” a “La nausea” a modo de homenaje a Durero, Octavio Paz realiza un paralelo entre el poema de Sor Juana Inés de la Cruz, “Primer sueño” y el grabado de Durero, ambas piezas de una profunda construcción intelectual
Hagamos un salto temporal importante y situémonos en los años cincuenta del siglo veinte.
“No tengo nada que decir y los estoy diciendo”, un bucle, un forma de fluir magistral de John Cage. Es fácil imaginarlo sostener tal afirmación sobre todo quienes hemos dedicado 4:33 minutos a escuchar su obra más celebre. El Grupo Fluxus instaló, validó y consolidó nuevas prácticas artísticas contemporáneas como el Body Art o los nuevos lenguajes de la música electroacustica cuyas investigaciones había empezado Pierre Schafer durante los años cincuenta. Una expresión artística que aspira a la Vanguardia necesita situarse por delante de su grupo asumir lo intempestivo y conformarse como la avanzada que abre caminos. Es lo que nos explica muy bien Cecilia Guerra en su definición y origen del término Vanguardia.
¿Cuánto se nos exige en esta vida?, ¿cuanto se castiga el cambio?, el transitar de una disciplina a otra, de un cuerpo a otro, de un amor a otro y a su vez cuanto se nos alienta a fluir. Cuanto avanzamos cuando fluimos, en el renacimiento, cuando la humanidad se puso al centro, el flujo se aceleró. Mientras desarrollaba estás obras trabajaba en paralelo en la museografía de la Theologia Platonica de Marsilio Ficino, un hombre renacentista cuyo pensamiento filosófico se funda en la metafísica de plotinio y su teoría de las emanaciones, sin duda una convergencia que ayuda a expandir los alcances del fluir. Sucede que Plotinio, filósofo griego, autor de la Enéadas, tenía una particular teoría teológica la cual sostenía que el universo, la humanidad incluso su alma, emanaban, fluían de una totalidad divina a la que denominaba el uno. Hace años atrás desarrollé tres obras en xilografía de 60 x 80 centímetros cada una. También surgieron sin boceto previo y fueron planificadas y desarrolladas en la misma matriz. El argumento que trataba de instalar es que uno podía trabajar a partir de los elementos distintivos gráficos de tu propio dibujo y no de las posibilidades visuales que entregaba la gubia. Era una forma de darle fluidez al trabajo creativo y establecer un puente entre el dibujo y el grabado xilográfico. Sin embargo estas obras era un pretexto ara explorar esa vieja idea panteísta que proponía que dios estaba en la naturaleza y como todos somos parte de ella en rigor todos somos somos una parte de esa divinidad. Me faltaba Plotinio y su teoría de la emanación, e ese constante fluir desde y hacia el uno.





